Desde el sector atribuyen la caída al deterioro del poder adquisitivo. Además de las ventas, el impacto alcanzó a casi 3.000 locales que debieron cerrar sus puertas en todo el país
La Cámara de Industriales Panaderos (CIPAN) advirtieron que el consumo de pan tradicional cayó entre un 50% y un 60% durante el gobierno de Javier Milei, mientras que las ventas de facturas y productos de pastelería sufrieron un desplome de hasta el 90%, en un escenario marcado por la pérdida del poder adquisitivo y el cambio en los hábitos de compra de los consumidores.
El presidente de la Federación de Panaderos de Merlo y referente de CIPAN, Martín Pinto, sostuvo que la crisis modificó la forma en que las familias acceden a los productos básicos y explicó que muchos clientes dejaron de comprar por kilo para adquirir únicamente lo necesario para el día. “En estos tiempos de crisis la gente dejó de consumir pan. Vienen y compran fraccionado, una o dos flautitas”, señaló.
El dirigente también alertó por el impacto sobre las panaderías, que en muchos casos trabajan al 50% de su capacidad debido a la caída de las ventas y al aumento de los costos de producción, especialmente por las tarifas de los servicios públicos y el precio de la harina. Además, describió un escenario crítico para la actividad: “La situación de los panaderos de la Argentina es crítica. Seguimos en caída libre. Hace dos años y medio nos sentamos en un tobogán y no paramos de caer”.
En esa línea, desde el sector notan que uno de los mayores cambios fue la pérdida de los jubilados como clientes habituales del sector. “La mayor clientela que perdimos en nuestro negocio son los jubilados, que con esta crisis dejaron de comer pan porque priorizan la compra de remedios”, afirmó a C5N. También advirtió que aumentó la cantidad de personas que se acercan a pedir alimentos en lugar de comprarlos.
Referentes del ámbito panadero sostienen también que la crisis ya provocó el cierre de unas 2.850 panaderías en todo el país y la pérdida estimada de 17.000 puestos de trabajo. Los representantes de la actividad atribuyen la caída a la reducción del consumo interno y al incremento de los costos, en un contexto que mantiene en alerta a uno de los rubros tradicionales de la economía cotidiana.
