{"id":24135,"date":"2018-03-06T10:33:31","date_gmt":"2018-03-06T13:33:31","guid":{"rendered":"http:\/\/actualidadadiario.com\/site\/?p=24135"},"modified":"2018-11-06T19:49:58","modified_gmt":"2018-11-06T22:49:58","slug":"gabriel-garcia-marquez-el-malabarista-de-las-palabras-con-el-don-de-escribir","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.actualidadadiario.com\/index.php\/2018\/03\/06\/gabriel-garcia-marquez-el-malabarista-de-las-palabras-con-el-don-de-escribir\/","title":{"rendered":"Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez, el malabarista de las palabras con el don de escribir"},"content":{"rendered":"<p><em><strong>El escritor y periodista colombiano, Nobel de Literatura en 1982, situ\u00f3 la prosa hispanoamericana en la vanguardia mundial con la publicaci\u00f3n en 1967 de \u2018Cien a\u00f1os de soledad\u2019<\/strong><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez, el creador de obras cl\u00e1sicas e imprescindibles como Cien a\u00f1os de soledad, El amor en los tiempos del c\u00f3lera, El coronel no tiene quien le escriba, El oto\u00f1o del patriarca y Cr\u00f3nica de una muerte anunciada se encuentra en el olimpo de la literatura universal por su manejo de las palabras y su capacidad descriptiva, a medio camino entre la fantas\u00eda, la realidad, el sue\u00f1o, el mito y el deseo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Este autor universal, protagonista y m\u00e1ximo exponente del inter\u00e9s del mundo por la literatura hispanoamericana, contribuy\u00f3 de manera decisiva a la proyecci\u00f3n de numerosos escritores de gran calidad pero desconocidos hasta entonces en Hispanoam\u00e9rica.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Desde su nacimiento las palabras lo marcaron, ya que su nombre deber\u00eda haber sido Olegario gui\u00e1ndose por la tradici\u00f3n del santoral, pero un parto dif\u00edcil y un cord\u00f3n umbilical enrollado al cuello y que lo puso en serios aprietos, acab\u00f3 con el nombre por impulso de Gabriel Jos\u00e9: el primero en honor del padre y el segundo por el patrono de la localidad natal, Aracataca.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Un d\u00eda como hoy, el 6 de marzo de 1927, naci\u00f3 Gabriel Jos\u00e9 Garc\u00eda M\u00e1rquez, quien despu\u00e9s se convertir\u00eda en Gabo para los amigos y admiradores. Fue el mayor de 11 hermanos, pero en realidad fue el nieto de Tranquilina Iguar\u00e1n Cotes y el coronel Nicol\u00e1s Ricardo M\u00e1rquez Mej\u00eda, los abuelos maternos con quienes se crio desde los 5 hasta los 9 a\u00f1os, una infancia cargada de historias, f\u00e1bulas e ir al cine y al circo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El peque\u00f1o Gabriel aprendi\u00f3 a escribir a los cinco a\u00f1os en el colegio Montessori de Aracataca gracias a la joven profesora Rosa Elena Fergusson, de quien a\u00f1os despu\u00e9s reconoci\u00f3 que se hab\u00eda enamorado y que por eso le gustaba ir al colegio. Fue ella quien le inculc\u00f3 la puntualidad y el h\u00e1bito de escribir directamente en las cuartillas, sin borrador.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cuando muri\u00f3 su abuelo en 1936, Garc\u00eda M\u00e1rquez se reencontr\u00f3 con sus padres en Sucre, donde estaban trabajando, el padre en una farmacia que abri\u00f3 a pesar de ser telegrafista y su madre cuidando del resto de la prole que aumentaba cada a\u00f1o.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A los 10 a\u00f1os ya escrib\u00eda versos humor\u00edsticos y a los 13, gracias a una beca, ingres\u00f3 en el internado del Liceo Nacional de Zipaquir\u00e1, donde le cogi\u00f3 p\u00e1nico al fr\u00edo. Fue esa infancia llena de aventuras, f\u00e1bulas e historias contadas por los abuelos y sus t\u00edas la que sentaron las bases de su composici\u00f3n m\u00e1s c\u00e9lebre, Cien a\u00f1os de soledad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En esos a\u00f1os tuvo como profesor de literatura a Carlos Julio Calder\u00f3n Hermida, a quien en 1955, cuando public\u00f3 La hojarasca, le escribi\u00f3 esta dedicatoria: \u201cA mi profesor Carlos Julio Calder\u00f3n Hermida, a quien se le meti\u00f3 en la cabeza esa vaina de que yo escribiera\u201d. Antes de que le concedieran el Nobel, Garc\u00eda M\u00e1rquez, declar\u00f3 en la columna period\u00edstica que escrib\u00eda y que publicaban m\u00e1s de una docena de diarios en el pa\u00eds colombiano que Calder\u00f3n Hermida era \u201cel profesor ideal de Literatura\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tras acabar los estudios con muy buenas calificaciones y presionado por sus padres, Garc\u00eda M\u00e1rquez se traslad\u00f3 a Bogot\u00e1 para estudiar Derecho en la Universidad Nacional, aunque sin demasiado inter\u00e9s. Lo que s\u00ed aprovech\u00f3 el joven Gabo fue el tiempo para hacer buena amistad con el m\u00e9dico y escritor Manuel Zapata Olivella, lo que le permiti\u00f3 acceder al periodismo y comenzar sus colaboraciones en el nuevo peri\u00f3dico liberal El Universal.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En Barranquilla, a principios de los a\u00f1os 40 comenz\u00f3 a gestarse un grupo de amigos de la literatura que se llam\u00f3 el Grupo de Barranquilla, cuyo l\u00edder era Ram\u00f3n Vinyes, due\u00f1o de una librer\u00eda en la que se vend\u00eda lo mejor de la literatura espa\u00f1ola, italiana, francesa e inglesa. Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez se vincul\u00f3 a ese grupo. Al principio viajaba desde Cartagena a Barranquilla cada vez que pod\u00eda, pero despu\u00e9s, gracias a una neumon\u00eda que le oblig\u00f3 a recluirse en Sucre, cambi\u00f3 su trabajo en El Universal por una columna diaria en El Heraldo de Barranquilla, que apareci\u00f3 a partir de enero de 1950 bajo el encabezado de La jirafa y firmada por Septimus.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Pero el estilo de Garc\u00eda M\u00e1rquez ya estaba claro: nunca fue un cr\u00edtico, ni un te\u00f3rico literario, sino que siempre prefiri\u00f3 contar historias. Ley\u00f3 a los grandes escritores rusos, ingleses y norteamericanos, y perfeccion\u00f3 su estilo de periodista, aunque su vida bohemia y de locura con los compa\u00f1eros de redacci\u00f3n tuviera que alternarla con vivir en pensiones de mala muerte y muchas veces sin dinero para pagar la noche.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A principios de los a\u00f1os 50, cuando ya ten\u00eda muy adelantada su primera novela, titulada entonces La casa, Garc\u00eda M\u00e1rquez acompa\u00f1\u00f3 a su madre a Aracataca con el objetivo de vender la vieja casa en donde se hab\u00eda criado. Fue entonces cuando comprendi\u00f3 que estaba escribiendo una novela falsa, pues su pueblo no era ni una sombra de lo que hab\u00eda conocido en su ni\u00f1ez, as\u00ed que a la obra le cambi\u00f3 el t\u00edtulo por La hojarasca y el pueblo ya no fue Aracataca, sino Macondo en honor a los corpulentos \u00e1rboles comunes en la regi\u00f3n, que alcanzan una altura de entre 30 y 40 metros.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En 1955 Garc\u00eda M\u00e1rquez gan\u00f3 el primer premio en el concurso de la Asociaci\u00f3n de Escritores y Artistas. Tambi\u00e9n public\u00f3 La hojarasca y un extenso reportaje por entregas, Relato de un n\u00e1ufrago, que fue censurado. La direcci\u00f3n del peri\u00f3dico en el que trabajaba decidi\u00f3 en ese momento enviarlo de corresponsal a Ginebra y luego a Roma, donde aparentemente el papa P\u00edo XII agonizaba. En total, Gabo estuvo tres a\u00f1os estuvo fuera de Colombia. Vivi\u00f3 una larga temporada en Par\u00eds, y recorri\u00f3 Polonia y Hungr\u00eda, la Rep\u00fablica Democr\u00e1tica Alemana, Checoslovaquia y la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica. Continu\u00f3 como corresponsal de El Espectador, aunque en condiciones cada vez m\u00e1s precarias y, aunque escribi\u00f3 dos novelas, El coronel no tiene quien le escriba y La mala hora, viv\u00eda esperando el env\u00edo mensual de su peri\u00f3dico, pero que cada vez se retrasaba m\u00e1s.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En marzo de 1958 contrajo matrimonio en Barranquilla con Mercedes Barchay tuvieron dos hijos: Rodrigo (1959) y Gonzalo (1962). Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez cada vez ten\u00eda m\u00e1s responsabilidades y menos tiempo para escribir, pero a pesar de ello, su cuento Un d\u00eda despu\u00e9s del s\u00e1bado result\u00f3 tambi\u00e9n premiado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A partir de ah\u00ed su vida fue un continuo c\u00famulo de noticias, nombramientos y viajes: en 1959 fue nombrado director de la reci\u00e9n creada agencia de noticias cubana Prensa Latina. En 1960 vivi\u00f3 seis meses en Cuba y al a\u00f1o siguiente fue trasladado a Nueva York, pero tuvo grandes problemas con los exiliados cubanos y finalmente renunci\u00f3. Despu\u00e9s se fue a vivir a M\u00e9xico y ya no pudo volver a Estados Unidos, al negarle el visado por ser acusado de comunista, hasta que la Universidad de Columbia le otorg\u00f3 el t\u00edtulo de doctor honoris causa en 1971.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Pero su consagraci\u00f3n como escritor comenz\u00f3 un d\u00eda de 1966 cuando se dirig\u00eda desde Ciudad de M\u00e9xico al balneario de Acapulco. En ese trayecto Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez tuvo la visi\u00f3n de la novela que hab\u00eda dado vueltas en su cabeza durante diecisiete a\u00f1os. Ah\u00ed fue cuando decidi\u00f3 que era el momento y se sent\u00f3 a la m\u00e1quina de escribir trabajando sin descanso ocho horas diarias durante dieciocho meses seguidos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En 1967 apareci\u00f3 el resultado: Cien a\u00f1os de soledad, en la que M\u00e1rquez edifica y dota de vida al pueblo m\u00edtico de Macondo y a la legendaria estirpe de los Buend\u00eda: un territorio imaginario donde lo inveros\u00edmil y m\u00e1gico no es menos real que lo cotidiano y l\u00f3gico. As\u00ed es como se describe el postulado b\u00e1sico de lo que despu\u00e9s ser\u00eda conocido como realismo m\u00e1gico y que constituye una s\u00edntesis novelada de la historia de las tierras latinoamericanas que, en el fondo, es tambi\u00e9n la par\u00e1bola de cualquier civilizaci\u00f3n, de su nacimiento a su ocaso.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Durante las siguientes d\u00e9cadas, en medio del \u00e9xito y el reclamo period\u00edstico, Garc\u00eda M\u00e1rquez escribi\u00f3 cinco novelas m\u00e1s y se publicar\u00edan tres vol\u00famenes de cuentos y dos relatos, as\u00ed como importantes recopilaciones de su producci\u00f3n period\u00edstica y narrativa. Public\u00f3 la que, en sus propias palabras, constituir\u00eda su novela preferida: El oto\u00f1o del patriarca (1975), al que seguir\u00eda el libro de cuentos La incre\u00edble historia de la c\u00e1ndida Er\u00e9ndira y de su abuela desalmada (1977), Cr\u00f3nica de una muerte anunciada (1981) y, con posterioridad, El amor en los tiempos del c\u00f3lera (1987).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Pero no solo sus novelas experimentaron la progresi\u00f3n y madurez como escritor, sino que la profesionalizaci\u00f3n tambi\u00e9n lleg\u00f3 a los elementos de su escritura, ya que reanud\u00f3 sus colaboraciones en El Espectador y cambi\u00f3 la m\u00e1quina de escribir por el ordenador. Su esposa, Mercedes Barcha, siempre colocaba un ramo de rosas amarillas en su mesa de trabajo al considerarlas de buena suerte y un autorretrato que le regal\u00f3 Alejandro Obreg\u00f3n presid\u00eda su estudio.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En la madrugada del 21 de octubre de 1982, Garc\u00eda M\u00e1rquez recibi\u00f3 la noticia que hac\u00eda tiempo que siempre esperaba por esas fechas: la Academia Sueca le hab\u00eda otorgado el ansiado premio Nobel de Literatura. Despu\u00e9s se supo que en la terna final el galard\u00f3n estuvo entre el colombiano, el novelista brit\u00e1nico Graham Greene y el alem\u00e1n G\u00fcnter Grass. En aquella \u00e9poca se hallaba exiliado en M\u00e9xico porque quer\u00edan hacerlo prisionero en su pa\u00eds y tuvo que huir, pero el premio fue un acontecimiento cultural en Colombia y en toda Am\u00e9rica.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Desde que recibi\u00f3 el galard\u00f3n su vida ya no fue la misma por el asedio de periodistas y medios de comunicaci\u00f3n, as\u00ed que, en marzo de 1983 Gabo regres\u00f3 a Colombia y se fue a vivir a Cartagena con su madre.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tras algunos a\u00f1os de silencio, en 2002 Garc\u00eda M\u00e1rquez present\u00f3 la primera parte de sus memorias, Vivir para contarla, en la que repasa los primeros treinta a\u00f1os de su vida. En 2004 vio la luz la que iba a ser su \u00faltima novela, Memorias de mis putas tristes. En 2007 recibi\u00f3 multitudinarios homenajes desde todas las partes del mundo por un triple motivo: sus 80 a\u00f1os, el 40 aniversario de la publicaci\u00f3n de Cien a\u00f1os de soledad y el 25 de la concesi\u00f3n del Nobel.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez falleci\u00f3 el 17 de abril de 2014 en Ciudad de M\u00e9xico tras una reca\u00edda en el c\u00e1ncer linf\u00e1tico que padec\u00eda desde 1999. El mundo entero llor\u00f3 la desaparici\u00f3n del mago de las palabras cuyas descripciones eran pura poes\u00eda sin haber escrito apenas versos en su vida.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Gabo, el malabarista de la narraci\u00f3n, siempre tuvo claro lo que habr\u00eda sido de no haberse dedicado a escribir, y as\u00ed se lo cont\u00f3 a su hermano en una ocasi\u00f3n: \u201cTodo estaba en penumbra, un hombre tocaba piano en la sombra, y los pocos clientes que hab\u00eda eran parejas de enamorados. Esa tarde supe que si no fuera escritor, hubiera querido ser el hombre que tocaba el piano sin que nadie le viera la cara, solo para que los enamorados se quisieran m\u00e1s\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El escritor y periodista colombiano, Nobel de Literatura en 1982, situ\u00f3 la prosa hispanoamericana en la vanguardia mundial con la publicaci\u00f3n en 1967 de \u2018Cien a\u00f1os de soledad\u2019 &nbsp; &nbsp; &nbsp; Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez, el creador de obras cl\u00e1sicas e imprescindibles como Cien a\u00f1os de soledad, El amor en los tiempos del c\u00f3lera, El coronel no tiene quien le escriba, El oto\u00f1o del patriarca y Cr\u00f3nica de una muerte anunciada se encuentra en el olimpo de la literatura universal por su manejo de las palabras y su capacidad descriptiva, a&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":24136,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[4],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.actualidadadiario.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/24135"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.actualidadadiario.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.actualidadadiario.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.actualidadadiario.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.actualidadadiario.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=24135"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.actualidadadiario.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/24135\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":24137,"href":"https:\/\/www.actualidadadiario.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/24135\/revisions\/24137"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.actualidadadiario.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/24136"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.actualidadadiario.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=24135"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.actualidadadiario.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=24135"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.actualidadadiario.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=24135"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}