{"id":22624,"date":"2018-01-23T12:22:11","date_gmt":"2018-01-23T15:22:11","guid":{"rendered":"http:\/\/actualidadadiario.com\/site\/?p=22624"},"modified":"2018-11-06T19:48:33","modified_gmt":"2018-11-06T22:48:33","slug":"derechos-de-papel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.actualidadadiario.com\/index.php\/2018\/01\/23\/derechos-de-papel\/","title":{"rendered":"Derechos de papel"},"content":{"rendered":"<p><em><strong>Mujeres y derecho a la tierra en Am\u00e9rica Latina<\/strong><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Aunque existen avances en el plano legal, en la pr\u00e1ctica, las mujeres siguen teniendo menos tierra, y con menor seguridad jur\u00eddica, que los hombres. En Am\u00e9rica Latina, la regi\u00f3n del mundo donde la tierra est\u00e1 peor repartida, las mujeres se enfrentan adem\u00e1s a barreras culturales, sociales e institucionales, cimentadas en una cultura profundamente patriarcal. Urge adoptar medidas eficaces para combatir esta discriminaci\u00f3n, pues s\u00f3lo asegurando derechos efectivos para las mujeres, entre ellos el derecho a la tierra, ser\u00e1 posible avanzar en la construcci\u00f3n de sociedades rurales m\u00e1s justas, igualitarias y pr\u00f3speras.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Simeona ten\u00eda doce a\u00f1os y nada que perder cuando parti\u00f3 hacia la \u00faltima frontera del Paraguay junto a sus hermanos y decenas de familias campesinas. All\u00ed donde viv\u00edan, en Caaguaz\u00fa, las estancias ganaderas se hab\u00edan apropiado de todo. A ellos no les quedaba otra opci\u00f3n que ir a tomar la tierra con sus propias manos. Durante cuatro a\u00f1os, Simeona resisti\u00f3 junto a los hombres en un precario asentamiento apenas protegidos con pl\u00e1sticos y bajo la amenaza de constantes desalojos. Finalmente, cuando el Estado reparti\u00f3 los lotes, ella no recibi\u00f3 nada. Solo hab\u00eda tierra para los hombres.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Con un hijo a quien alimentar, Simeona no se rindi\u00f3. Durante a\u00f1os hizo o\u00edr su voz en asambleas; se enfrent\u00f3 a funcionarios que la ignoraban o trataban de abusar sexualmente de ella; particip\u00f3 en nuevas ocupaciones de fincas; y por fin logr\u00f3 su objetivo, pasando a la historia como la primera mujer del Paraguay en recibir un t\u00edtulo de propiedad de tierra a su nombre.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>La tierra, cada vez en menos manos<\/strong><\/p>\n<p>Desde que Simeona recibi\u00f3 su tierra, hace ya 50 a\u00f1os, la concentraci\u00f3n de la tierra en Am\u00e9rica Latina no ha hecho m\u00e1s que aumentar, ensanchando la brecha entre peque\u00f1os y grandes propietarios. La desigualdad es cada vez mayor, aun cuando se han en marcha ambiciosas pol\u00edticas de reforma agraria que pretendieron democratizar el acceso a la tierra.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Como denuncia Oxfam en su informe Desterrados, en la regi\u00f3n m\u00e1s desigual del mundo, la concentraci\u00f3n en la propiedad de la tierra alcanza niveles intolerables. El 1% de las fincas de mayor tama\u00f1o ha acaparado m\u00e1s de la mitad de la superficie productiva de la regi\u00f3n. En otras palabras, el 1% de esos enormes latifundios ocupa m\u00e1s territorio que el 99% de las propiedades rurales restantes.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Colombia se sit\u00faa a la cabeza en desigualdad. All\u00ed, 700 latifundios se reparten la mitad de la tierra del pa\u00eds. Paraguay es otro caso alarmante, donde m\u00e1s del 40% de la tierra productiva se concentra en 600 propiedades, muchas de ellas adquiridas de forma ilegal.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Esta tendencia a la concentraci\u00f3n se ha acelerado al imponerse el extractivismo como modelo econ\u00f3mico dominante. Un sistema que expulsa diariamente a familias y comunidades campesinas e ind\u00edgenas para dar paso al monocultivo, a la miner\u00eda o a las represas hidroel\u00e9ctricas. Un sistema que concentra a\u00fan m\u00e1s la riqueza y el poder, a la vez que deteriora el medio ambiente y agrava los conflictos, la violencia y la represi\u00f3n estatal o para estatal.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Las personas m\u00e1s empobrecidas, los pueblos ind\u00edgenas y las mujeres son los m\u00e1s vulnerables ya que carecen de poder y sus derechos est\u00e1n m\u00e1s desprotegidos. Una desigualdad basada en el g\u00e9nero hace que las mujeres tengan todav\u00eda menos tierra, de peor calidad y con menor seguridad jur\u00eddica que los hombres.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Una brecha de g\u00e9nero que se ampl\u00eda en el \u00e1rea rural<\/strong><\/p>\n<p>Sin tierra propia, las mujeres tienen mucha menos autonom\u00eda econ\u00f3mica. No s\u00f3lo porque es el principal activo econ\u00f3mico para las personas rurales, sino porque adem\u00e1s sirve como garant\u00eda para pedir un cr\u00e9dito y suele exigirse para recibir asistencia productiva como semillas, herramientas o capacitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La tenencia de la tierra tambi\u00e9n condiciona otras dimensiones de la igualdad, como la autonom\u00eda en la toma de decisiones y la vulnerabilidad a la violencia. Un estudio realizado en Nicaragua encontr\u00f3 que las mujeres con tierra propia tienen menos probabilidad de ser maltratadas por sus parejas, ya que tienen m\u00e1s capacidad de sustentarse por s\u00ed mismas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Pero no solo son las mujeres las que sufren esta discriminaci\u00f3n: excluirlas del acceso a la tierra supone un freno a la lucha contra la pobreza y el hambre. La FAO estima que si las mujeres tuvieran mayor control sobre los recursos productivos ser\u00eda posible reducir el n\u00famero de personas que sufren hambre en el mundo entre un 12% y un 17%. No s\u00f3lo se producir\u00eda m\u00e1s, sino mejor. Porque ellas se preocupan de la salud familiar y son portadoras de saberes tradicionales sobre cuestiones tan importantes como la conservaci\u00f3n de variedades locales de semillas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por \u00e9ste y otros motivos, los Objetivos para el Desarrollo Sostenible han incluido en su objetivo 5 la meta de alcanzar la igualdad de g\u00e9nero en el acceso y el control de la tierra y de otros bienes, los servicios financieros, la herencia y los recursos naturales.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Existen avances pero muy insuficientes<\/strong><\/p>\n<p>El logro de Simeona, gracias a su lucha y su compromiso, no se ha generalizado. Hoy ella sigue siendo la \u00fanica mujer con tierra propia en el asentamiento campesino donde vive. Tampoco fue suficiente para superar todas las barreras en el acceso a servicios o al mercado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Naciones Unidas ha recordado a los Estados su obligaci\u00f3n de proteger y hacer respetar el derecho de las mujeres rurales a la tierra y a los recursos naturales. Para ello los exhorta a derribar obst\u00e1culos como la discriminaci\u00f3n en las leyes, su aplicaci\u00f3n ineficaz y las actitudes y pr\u00e1cticas culturales discriminatorias.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Muchas de las leyes que discriminaban a la mujer en la tenencia de la tierra se han ido reformando. En Paraguay, por ejemplo, hasta 1992, a\u00f1o en que fue revisado el C\u00f3digo de Familia, las mujeres casadas no ten\u00edan derecho de propiedad al considerar al hombre como \u201cjefe de familia\u201d y \u00fanico titular legal. Pero las normas escritas son m\u00e1s f\u00e1ciles de cambiar que las no escritas. Y entre la igualdad formal de derechos, reconocida en las leyes, y la igualdad real se alza un muro de barreras culturales, sociales e institucionales.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El principal factor de exclusi\u00f3n, y probablemente el m\u00e1s dif\u00edcil de combatir, sigue siendo la falta de reconocimiento de las mujeres rurales como productoras, como sujetos pol\u00edticos y como actores econ\u00f3micos clave. Pese a sostener las econom\u00edas rurales con su trabajo, las labores que realizan se ven como una extensi\u00f3n del trabajo dom\u00e9stico. El C\u00f3digo del Trabajo en Guatemala, por ejemplo, considera el trabajo agr\u00edcola desempe\u00f1ado por mujeres y ni\u00f1os complementarios al que realiza el \u201ctrabajador campesino jefe de familia\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Bajo esta mirada no sorprende que las estad\u00edsticas de empleo excluyan a millones de mujeres que producen para el autoconsumo o trabajan en las explotaciones familiares, pese a dedicar diariamente hasta 16 horas a labores tanto dentro como fuera del hogar. La Organizaci\u00f3n Internacional del Trabajo ha advertido sobre la gravedad de este problema en su informe sobre empleo rural.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Reformas agrarias donde el g\u00e9nero se vuelve invisible<\/strong><\/p>\n<p>Las mujeres se han beneficiado muy poco de las pol\u00edticas de distribuci\u00f3n de tierras. Un estudio sobre los procesos de reforma agraria en Am\u00e9rica Latina concluy\u00f3 que apenas llegan al 12% de la poblaci\u00f3n atendida. Los Estados de la regi\u00f3n asumieron que las familias se beneficiar\u00edan en su conjunto con el acceso a la tierra si \u00e9sta se entregaba al \u201cjefe de familia\u201d. Pero descuidaron algo esencial: no s\u00f3lo importa que la familia ejerza su derecho a la tierra, tambi\u00e9n importa qui\u00e9n ejerce ese derecho dentro del hogar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Es cierto que ha habido avances en algunos pa\u00edses. Nicaragua fue un pa\u00eds pionero al reconocer en su Ley de Reforma Agraria de 1981 a las mujeres como beneficiarias directas de la adjudicaci\u00f3n de tierras, independientemente de su posici\u00f3n de parentesco. Pero las medidas de inclusi\u00f3n lamentablemente han llegado demasiado tarde, cuando apenas quedaban muy pocas tierras por distribuir. En Paraguay, desde 2002, las mujeres cabeza de familia tienen prioridad en la distribuci\u00f3n de tierras. Sin embargo, seg\u00fan documentan Oxfam y ONU Mujeres en su reciente informe, han recibido fundamentalmente peque\u00f1as parcelas para viviendas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Violencia contra las defensoras del derecho a la tierra<\/strong><\/p>\n<p>Las mujeres que defienden el territorio se exponen a formas particulares de violencia, y a menudo sufren estigmatizaci\u00f3n y hostilidad en sus propias comunidades. Como advierte Oxfam en su informe sobre la violencia y represi\u00f3n contra defensores y defensoras, las agresiones han aumentado en Am\u00e9rica Latina, de forma especialmente preocupante contra las mujeres, debido a la combinaci\u00f3n de una cultura patriarcal con un modelo econ\u00f3mico que fomenta la desigualdad extrema.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Honduras, el pa\u00eds m\u00e1s peligroso del mundo para defender la naturaleza seg\u00fan la organizaci\u00f3n Global Witness, ha recibido varias sentencias condenatorias por parte de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. En este pa\u00eds, el incremento de proyectos extractivistas ha agravado la violencia y la criminalizaci\u00f3n contra las mujeres defensoras, como demostr\u00f3 el asesinato de Berta C\u00e1ceres en 2016.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La Asamblea General de las Naciones Unidas ha expresado su preocupaci\u00f3n por la discriminaci\u00f3n y violencia estructurales a que se enfrentan las mujeres defensoras de derechos humanos, y ha pedido a los Estados que garanticen su protecci\u00f3n. Pero, como ha advertido tambi\u00e9n la Comisi\u00f3n Interamericana de Derechos Humanos, la mayor\u00eda de los cr\u00edmenes siguen quedando impunes en Am\u00e9rica Latina.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>No sabemos cu\u00e1nta tierra est\u00e1 en manos de mujeres<\/strong><\/p>\n<p>En realidad no conocemos la dimensi\u00f3n de la brecha de g\u00e9nero en el acceso a la tierra, ya que no existen suficientes estad\u00edsticas, y las que hay no est\u00e1n actualizadas o no miden lo mismo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>De acuerdo con la FAO, en Am\u00e9rica Latina y el Caribe apenas el 18% de las explotaciones agr\u00edcolas est\u00e1n manejadas por mujeres. Pero esto no necesariamente significa que ellas sean sus propietarias, ya que en muchos casos se trata de tierras alquiladas o prestadas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La Red Centroamericana de Mujeres Rurales, Ind\u00edgenas y Campesinas aporta datos a\u00fan peores. Seg\u00fan sus estudios, las mujeres poseen el 12% de la tierra en Honduras; en El Salvador s\u00f3lo el 13% de los t\u00edtulos de propiedad est\u00e1n a su nombre, trabajan el 15% de la tierra productiva en Guatemala (aunque no siempre les pertenece), y en Nicaragua se ocupan solo del 23% de las explotaciones agr\u00edcolas, que son adem\u00e1s las m\u00e1s peque\u00f1as.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La FAO ha hecho un esfuerzo por reunir la informaci\u00f3n disponible en su base de datos sobre g\u00e9nero y derecho a la tierra. Pero el m\u00e1s importante de los cuatro indicadores (el porcentaje de la superficie agr\u00edcola que poseen las mujeres) no contiene informaci\u00f3n para ning\u00fan pa\u00eds latinoamericano.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Redistribuir y reconocer<\/strong><\/p>\n<p>La desigualdad en torno a la tierra tiene muchas caras: el despojo y la desprotecci\u00f3n de los territorios colectivos; los incentivos a la creaci\u00f3n de latifundios (como las zonas especiales de desarrollo agr\u00edcola y pol\u00edticas fiscales que favorecen la inversi\u00f3n a gran escala); la laxitud en la regulaci\u00f3n ambiental; el desigual reparto de los beneficios extra\u00eddos de los recursos naturales; el desmantelamiento del apoyo a la agricultura familiar o la violencia impune contra defensores y defensoras son s\u00f3lo algunas de ellas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Todas estas expresiones de la desigualdad tienen que ver con la concentraci\u00f3n del poder. Un poder pol\u00edtico al servicio de las \u00e9lites econ\u00f3micas, que desatiende el inter\u00e9s general y su obligaci\u00f3n de proteger los derechos de todos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Es urgente situar la lucha contra todas las caras de la desigualdad en el centro de las pol\u00edticas p\u00fablicas. Hay que frenar la acumulaci\u00f3n de la tierra, la riqueza y el poder en cada vez menos manos y combatir la exclusi\u00f3n, especialmente de las mujeres. Los Estados deben emprender pol\u00edticas redistributivas que aseguren los derechos de todas las personas y comunidades que dependen de la tierra, sobre todo las m\u00e1s vulnerables como las mujeres, los j\u00f3venes, las poblaciones ind\u00edgenas y afrolatinas. Solamente as\u00ed, \u00e9stas podr\u00e1n desarrollar medios de vida dignos y contribuir a un crecimiento econ\u00f3mico inclusivo y sostenible.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cualquier pol\u00edtica redistributiva debe incorporar a las mujeres de forma real, no s\u00f3lo en la formalidad de la ley, adoptando medidas eficaces para protegerlas de la violencia y del desplazamiento, derribando las barreras, a menudo invisibles, pero profundamente cimentadas en la cultura patriarcal, que les impiden ejercer su derecho a la tierra.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Un primer paso es reconocer a las mujeres rurales como productoras, como ciudadanas con plenos derechos y como sujetos pol\u00edticos con libertad de decisi\u00f3n y de participaci\u00f3n. Hacer visible su contribuci\u00f3n al desarrollo, a las econom\u00edas locales y al bienestar de sus comunidades y familias.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n es necesario derribar las barreras que discriminan a las mujeres dentro de las propias organizaciones rurales. Cooperativas, asociaciones campesinas e ind\u00edgenas deben dejar de ser espacios dominados por hombres y garantizar una participaci\u00f3n igualitaria.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Que las mujeres ejerzan plenamente su derecho a la tierra es una condici\u00f3n imprescindible para avanzar hacia sociedades rurales m\u00e1s justas, igualitarias y pr\u00f3speras.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mujeres y derecho a la tierra en Am\u00e9rica Latina &nbsp; &nbsp; &nbsp; Aunque existen avances en el plano legal, en la pr\u00e1ctica, las mujeres siguen teniendo menos tierra, y con menor seguridad jur\u00eddica, que los hombres. 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