{"id":15819,"date":"2017-08-15T09:50:50","date_gmt":"2017-08-15T12:50:50","guid":{"rendered":"http:\/\/actualidadadiario.com\/site\/?p=15819"},"modified":"2017-08-15T09:50:50","modified_gmt":"2017-08-15T12:50:50","slug":"el-otro-boom-latinoamericano-es-femenino","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.actualidadadiario.com\/index.php\/2017\/08\/15\/el-otro-boom-latinoamericano-es-femenino\/","title":{"rendered":"El otro \u2018boom\u2019 latinoamericano es femenino"},"content":{"rendered":"<p><em><strong>Una generaci\u00f3n de autoras, como Samanta Schweblin, argentina, o la boliviana Liliana Colazi, se abre paso<\/strong><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El pasado 14 de junio fue importante para Samanta Schweblin (Buenos Aires, 1977). Su novela, Distancia de rescate, era finalista en el Booker Man Internacional, uno de los premios anglosajones m\u00e1s importantes, donde no es habitual que un libro en espa\u00f1ol, escrito por una latinoamericana, compita. Schweblin no gan\u00f3, pero la pica ya estaba puesta. Era casi el final de un camino en el que ya hab\u00edan aparecido cr\u00edticas en The New York Times, una haza\u00f1a conseguida en los \u00faltimos tiempos por las tambi\u00e9n argentinas Mariana Enr\u00edquez (Buenos Aires, 1973) y Pola Oloixarac (Buenos Aires, 1977).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>No son los \u00fanicos hitos logrados por j\u00f3venes autoras latinoamericanas recientemente. En Espa\u00f1a, la chilena Paulina Flores (Santiago de Chile, 1988) con Qu\u00e9 verg\u00fcenza; la boliviana Liliana Colanzi (Santa Cruz, 1981), con Nuestro mundo muerto, o la mexicana Laia Jufresa (Ciudad de M\u00e9xico, 1983), con Umami, se han llevado algunas de las mejores cr\u00edticas a libros publicados en los \u00faltimos meses. Tambi\u00e9n la lista Bogot\u00e1 39, el Hay Festival, que elige a los mejores escritores de Am\u00e9rica Latina menores de 40 a\u00f1os, incluye a buena parte de estas escritoras junto a otras como las mexicanas Gabriela J\u00e1uregui (Ciudad de M\u00e9xico, 1979) y Brenda Lozano (Ciudad de M\u00e9xico, 1981) o la ecuatoriana M\u00f3nica Ojeda (Guayaquil, 1988). El n\u00famero de hombres todav\u00eda supera al de mujeres en esta lista (26 frente a 13), pero lo cierto es que nunca antes se hab\u00eda visto este aluvi\u00f3n de publicaciones, premios y alabanzas en Espa\u00f1a (y no solo en sellos peque\u00f1os sino tambi\u00e9n en Penguin Random House, Seix Barral o Anagrama), Am\u00e9rica Latina y el mundo anglosaj\u00f3n, a novelas escritas por autoras procedentes del otro lado del charco. Despu\u00e9s de los Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez, Mario Vargas Llosa y Julio Cort\u00e1zar, entre otros, de hace m\u00e1s de cinco d\u00e9cadas, \u00bfhay un boom latinoamericano en femenino?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cEs verdad que en el \u00faltimo tiempo ha habido una especie de boom, el \u2018otro boom\u2019 de alguna forma. Yo creo que tiene que ver con las editoriales, que est\u00e1n dando m\u00e1s cabida a las mujeres. De todas formas, soy de la opini\u00f3n de que tiene que llegar un momento en que ser escritora no sea una novedad, no sea una sorpresa, y m\u00e1s all\u00e1 de fijarnos en si es mujer u hombre, nos fijemos en la buena literatura\u201d, apunta Flores, quien tambi\u00e9n observa el cari\u00f1o y cuidado hacia su libro de relatos en su editorial espa\u00f1ola, Seix Barral: \u201cCasi todas mis editoras o personas con las que he trabajado, encabezadas por la gran Elena Ram\u00edrez, son mujeres, as\u00ed que me siento muy acompa\u00f1ada y las miro con mucha admiraci\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La mexicana Laia Jufresa tambi\u00e9n constata que \u201chay menos prejuicio\u201d entre los editores para publicar a las escritoras, pero al mismo tiempo tampoco cree que haya que alegrarse demasiado por esta especie de fen\u00f3meno: \u201cQue parezca que hay una ola no debe impedirnos ver que en realidad falta mucho m\u00e1s camino por andar. El trabajo de las mujeres se publica, rese\u00f1a y traduce a\u00fan much\u00edsimo menos que el de los hombres. Pasa literalmente en todo el mundo pero en espa\u00f1ol, dado que podemos leernos en tantos pa\u00edses, es m\u00e1s notorio. Los libros de una autora peruana, mexicana, uruguaya, etc\u00e9tera, por lo general pueden leerse en su pa\u00eds y quiz\u00e1s en Espa\u00f1a, pero rara vez en los otros pa\u00edses de Latinoam\u00e9rica\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>No obstante, Iolanda Batall\u00e9, una editora que ha publicado a Ariana Harwicz (Buenos Aires, 1977), en Rata Editorial, sostiene que este boom existe, pese a que las cifras de ventas no sean todo lo altas que se desear\u00edan \u2014como suced\u00eda en el de los a\u00f1os sesenta\u2014, y que no solo tiene que ver con las latinoamericanas sino con las escritoras, en general. \u201cY el motivo es tan sencillo como poderoso: la curiosidad. Los lectores desean conocer m\u00e1s sobre ellos mismos y para ello es imprescindible leer tambi\u00e9n a las mujeres que escriben\u201d, manifiesta. Adem\u00e1s, seg\u00fan ella, llegar\u00e1 el d\u00eda en el que los libros que m\u00e1s nos hayan marcado sean aquellos escritos por autoras: \u201cEllas tienen mucho m\u00e1s que decir por la simple raz\u00f3n de que a\u00fan no lo han dicho. \u00bfC\u00f3mo ser\u00edan los cuentos de Borges si hubiera nacido mujer? \u00bfY Rayuela? \u00bfC\u00f3mo hubiera contado una voz femenina la historia de Macondo? Hoy esas preguntas nos parecen extra\u00f1as, \u00bfno es cierto? Quiz\u00e1s pronto no lo sean\u201d, apunta Batall\u00e9.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Escritoras en el lado oscuro<\/strong><\/p>\n<p>M\u00e1s all\u00e1 de la coincidencia de la franja de edad o la procedencia de estas escritoras, hay una caracter\u00edstica que no pasa desapercibida para el lector. En estas novelas y cuentos \u2014las autoras no obvian este g\u00e9nero\u2014 abundan las tem\u00e1ticas que ahondan en las zonas m\u00e1s oscuras y desoladas del ser humano y en la fealdad del mundo que nos rodea. Por ejemplo, en Las cosas que perdimos en el fuego, Enriquez recrea los barrios empobrecidos, \u201cen el lado oscuro de la orgullosa Argentina\u201d; en Nuestro mundo muerto, Colanzi aborda la masacre de animales; en Umami, Jufresa se sumerge en el duelo y la ausencia, como tambi\u00e9n hace la mexicana Ver\u00f3nica Gerber en Conjunto vac\u00edo, a partir de una ruptura amorosa; M\u00f3nica Ojeda relata sin pudor en Nefando un caso de pedofilia con todos los ingredientes desagradables que una historia as\u00ed posee, mientras que la argentina Paula Porroni escribe en Buena alumna sobre el fracaso y el autocastigo cuando se llega a una edad en la que supuestamente hab\u00eda que haber triunfado ya.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Para Batall\u00e9 este inter\u00e9s por lo crudo se debe en parte a que \u201clas latinoamericanas, quiz\u00e1s por las sociedades en las que han nacido, mantienen un v\u00ednculo m\u00e1s salvaje con aspectos de la existencia. Echa un vistazo a la geograf\u00eda, a la econom\u00eda o a la historia de Am\u00e9rica Latina y por todas partes te dar\u00e1s de bruces con realidades dur\u00edsimas. Ese dolor, sumado a una s\u00f3lida tradici\u00f3n literaria (sobre todo masculina) m\u00e1s el talento de tantas escritoras, acaba destilando buena literatura\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En su caso, Samanta Schweblin considera que este tipo de tem\u00e1ticas tienen mucho que ver con lo que la literatura es al fin y al cabo. \u201cEs la manera m\u00e1s efectiva que tenemos de sumergirnos en la oscuridad, en nuestros peores miedos y deseos, en todo lo desconocido y lo innombrable, y volver a la realidad con nueva informaci\u00f3n y lo m\u00e1s ilesos que sea posible\u201d, constata.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Algo parecido opina la peruana Gabriela Wiener, autora de obras como Nueve lunas, en la que describe el proceso de su maternidad: \u201cSiempre me han movilizado, emocionado, revolucionado los libros que contienen revelaciones profundas sobre nuestra humanidad. Son los \u00fanicos que me enganchan y los \u00fanicos que me dicen algo, que me hablan a m\u00ed. Creo que lo que me mueve es el deseo de conocimiento. Nada m\u00e1s&#8221;.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Paulina Flores estima que tampoco hay que caer en el clich\u00e9 de mujer e intimidad narrativa. \u201cEl hecho de que el patriarcado nos haya relegado tanto a la vida privada, nos entreg\u00f3 ciertas facultades narrativas que hoy parecen casi innatas. Pero tambi\u00e9n tengo la seguridad de que la mirada de una escritora da para mucho. Es decir, no hay que caer en el clich\u00e9 de que solo escribimos sobre la intimidad, como s\u00ed solo pudi\u00e9ramos escribir diarios de vida\u201d, sostiene.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Con un sentido parecido se expresa Laia Jufresa: \u201cYo no trabajo por tem\u00e1tica. Mi inter\u00e9s es contar historias y construir personajes \u2014y narradores\u2014 que sean humanos veros\u00edmiles, sin importar su g\u00e9nero. Sigue siendo muy com\u00fan la noci\u00f3n absurda de que la mirada de un autor es humana pero la de una autora es femenina. Lo que s\u00ed noto es que \u2014generalizando\u2014 las mujeres somos mejores adoptando voces de hombres que viceversa. Tampoco es ning\u00fan misterio: hemos crecido leyendo voces masculinas\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una generaci\u00f3n de autoras, como Samanta Schweblin, argentina, o la boliviana Liliana Colazi, se abre paso &nbsp; &nbsp; &nbsp; El pasado 14 de junio fue importante para Samanta Schweblin (Buenos Aires, 1977). Su novela, Distancia de rescate, era finalista en el Booker Man Internacional, uno de los premios anglosajones m\u00e1s importantes, donde no es habitual que un libro en espa\u00f1ol, escrito por una latinoamericana, compita. Schweblin no gan\u00f3, pero la pica ya estaba puesta. 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