{"id":107789,"date":"2023-09-11T15:45:56","date_gmt":"2023-09-11T18:45:56","guid":{"rendered":"https:\/\/www.actualidadadiario.com\/?p=107789"},"modified":"2023-09-11T15:45:56","modified_gmt":"2023-09-11T18:45:56","slug":"la-memoria-ardiente-de-chile","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.actualidadadiario.com\/index.php\/2023\/09\/11\/la-memoria-ardiente-de-chile\/","title":{"rendered":"La memoria ardiente de Chile"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><em><strong>Eran las 13:50 horas el 11 de septiembre de 1973 en Santiago de Chile cuando el General Javier Palacios transmiti\u00f3 aquel mensaje escueto a los jefes de las Fuerzas Armadas que esa ma\u00f1ana hab\u00edan dado un golpe de estado contra el gobierno democr\u00e1ticamente electo de Salvador Allende. Seis palabras con que el militar a cargo del asalto del Palacio Presidencial de La Moneda se\u00f1alaba el fin de uno de los experimentos sociales y pol\u00edticos m\u00e1s fascinantes y alentadores del siglo XX, el intento de Allende y la Unidad Popular, su coalici\u00f3n de partidos de izquierda, de alcanzar el socialismo sin utilizar la violencia<\/strong><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Medio siglo m\u00e1s tarde, en un mundo donde tantas naciones se ven tentadas por alternativas autoritarias, es m\u00e1s importante que nunca rememorar esa asonada militar, que tuvo dr\u00e1sticas consecuencias en Chile y m\u00e1s all\u00e1 de sus fronteras.<\/p>\n<p>Las secuelas m\u00e1s terribles las sufrieron, por cierto, los seguidores de Allende. La violencia que nuestro presidente no quiso infligir a sus adversarios fue visitada ferozmente sobre la sede del gobierno donde el presidente resisti\u00f3 hasta el final en defensa de la constituci\u00f3n y de la dignidad. Su muerte ser\u00eda la primera de muchas muertes. Y la tortura y ejecuci\u00f3n y desaparici\u00f3n de sus colaboradores m\u00e1s cercanos ese primer d\u00eda fue el preludio de la persecuci\u00f3n sistem\u00e1tica de los allendistas durante la dictadura, incluyendo una gigantesca ola de exilios (yo estaba entre los que se vieron obligados a salir del pa\u00eds).<\/p>\n<p>Aunque esas y tantas otras demas\u00edas sucedieron durante los diecisiete a\u00f1os del r\u00e9gimen del general Augusto Pinochet, sus efectos persisten hoy, perversa y ejemplarmente en los m\u00e1s de mil compatriotas que fueron secuestrados por la polic\u00eda secreta y cuyos cuerpos todav\u00eda no han sido devueltos a sus familiares -ni un fragmento de un hueso- para que pudieran tener un funeral, ese rito sagrado que se merece todo ser humano.<\/p>\n<p>Si me detengo en las desapariciones como el peor de los legados de Pinochet y sus c\u00f3mplices no es s\u00f3lo porque encarna el modo en que se extrem\u00f3 el terror y el desconsuelo, sino porque el acto de desaparecer a los disidentes trasunta lo que la dictadura intentaba hacer con Chile mismo: hacer desaparecer, en efecto, el sue\u00f1o y proyecto de un pa\u00eds diferente, justo y solidario, que ven\u00eda gest\u00e1ndose a lo largo de nuestra historia. Los nuevos gobernantes, asesorados por los mismos civiles que conspiraron para derrocar a Allende, se pusieron a desmantelar la democracia que hab\u00eda permitido el experimento de la Unidad Popular, liquidando las pr\u00e1cticas y el concepto mismo de un estado de bienestar, sustituy\u00e9ndolo por una econom\u00eda regida por un fundamentalismo de mercado sin frenos donde primaban, por encima de cualquier otro principio de cohesi\u00f3n social, las ganancias, el individualismo y el consumismo exacerbados.<\/p>\n<p>Chile se convirti\u00f3 en un laboratorio para las teor\u00edas de los Chicago boys y Milton Friedman donde el pueblo chileno, especialmente sus miembros m\u00e1s vulnerables, padecieron los embates de esta \u201cterapia de choque\u201d que, muy pronto, se export\u00f3 a otros pa\u00edses, notablemente durante los administraciones de Thatcher y Reagan, un modelo neoliberal que, por mucho que se encuentre hoy en crisis, sigue siendo globalmente dominante.<\/p>\n<p>No fueron esas las \u00fanicas repercusiones de la derrota de Allende. Debido a que el camino pac\u00edfico al socialismo ensayado por nosotros hab\u00eda despertado el inter\u00e9s y las esperanzas de fuerzas progresistas en todas las latitudes, nuestro fracaso sacudi\u00f3 a esas fuerzas como un sismo, inst\u00e1ndolas a repensar su estrategia para llevar a cabo transformaciones estructurales al capitalismo.<\/p>\n<p>Ya a principios de 1974, Enrico Berlinguer, el jefe del poderoso partido Comunista Italiano, declar\u00f3 que el desenlace letal de la revoluci\u00f3n chilena demostraba que esas reformas profundas no pod\u00edan hacerse sin el sustento de una gran mayor\u00eda que incluyera amplias capas medias y sus representantes. Esta estrategia fue adoptada m\u00e1s tarde por los partidos comunistas espa\u00f1ol y franc\u00e9s, lo que facilit\u00f3, respectivamente, la transici\u00f3n de Espa\u00f1a a la democracia despu\u00e9s de Franco y la presidencia de Fran\u00e7ois Mitterrand en Francia.<\/p>\n<p>Una parte mayoritaria de la izquierda chilena, que ya estaba llevando a cabo una autocr\u00edtica inevitable y dolorosa que reconoc\u00eda deficiencias y errores, lleg\u00f3 a una similar conclusi\u00f3n: para enfrentar exitosamente a la dictadura era imprescindible una vasta coalici\u00f3n que rebasara los l\u00edmites del apoyo que hab\u00eda obtenido Allende, lo que en el caso nacional significaba sobre todo llegar a un acuerdo con los dem\u00f3crata cristianos arrepentidos de haber facilitado el golpe con su oposici\u00f3n cada vez m\u00e1s ac\u00e9rrima y ciega al gobierno de la Unidad Popular. Pese a tantas diferencias entre rivales hist\u00f3ricos, se forj\u00f3 trabajosamente la unidad, lo que culmin\u00f3 en la contundente victoria de las fuerzas democr\u00e1ticas en el plebiscito de 1988 que impidi\u00f3 que Pinochet se perpetuara indefinidamente en el poder.<\/p>\n<p>Si el rev\u00e9s de Allende fue descorazonador para tantos en el mundo, el modo en que el pueblo de Chile finalmente logr\u00f3 deshacerse de su dictador fue, en cambio, una fuente de inspiraci\u00f3n que deber\u00eda darnos aliento hoy. Pese al miedo que Pinochet hab\u00eda sembrado en cada ciudadano, pese a su control abrumador de las palancas b\u00e1sicas de la econom\u00eda y de las temidas fuerzas de seguridad, pese a la complacencia de los principales medios de comunicaci\u00f3n, demostramos que, con una estrategia pol\u00edtica correcta que unifica a todos quienes desean m\u00e1s libertad y justicia, un grupo decidido de ciudadanos valientes son capaces de resistir y vencer a los enemigos de la democracia.<\/p>\n<p>Es una lecci\u00f3n que mis compatriotas necesitan recordar al conmemorar el cincuentenario de la calamidad que devast\u00f3 a nuestro pa\u00eds, todav\u00eda tan saturado de laceraciones. Aunque casi todos los sectores de la sociedad, de derecha y de izquierda, han contribuido al categ\u00f3rico consenso de que son intolerables el tipo de abusos y tropel\u00edas que sistematiz\u00f3 el r\u00e9gimen c\u00edvico-militar, no hay tal unanimidad, en nuestra tierra polarizada, para condenar resueltamente el golpe mismo. De hecho, Jos\u00e9 Antonio Kast, un entusiasta admirador de Pinochet que bien podr\u00eda ser el pr\u00f3ximo presidente de Chile justifica, junto a muchos ultraconservadores, el golpe como una acci\u00f3n que salv\u00f3 al pa\u00eds del caos y el comunismo. Seg\u00fan una encuesta reciente, el 36 por ciento de los chilenos cree que Pinochet ten\u00eda raz\u00f3n al derrocar a Allende.<\/p>\n<p>Es probable, entonces, que la batalla por la memoria y la interpretaci\u00f3n que comenz\u00f3 ferozmente el mismo d\u00eda del golpe -cuando algunos chilenos celebraron con champ\u00e1n mientras sus compatriotas se ve\u00edan obligados a beber su propia orina en alg\u00fan s\u00f3tano maloliente- se prolongar\u00e1 sin cesar en el futuro cercano y quiz\u00e1s remoto.<\/p>\n<p>La inc\u00f3gnita fundamental son los j\u00f3venes, esa enorme masa que no experiment\u00f3 el golpe ni menos los a\u00f1os de Allende. Cuando evoquen el golpe militar, \u00bfqu\u00e9 imagen prevalecer\u00e1?<\/p>\n<p>Se me ocurre que ser\u00e1 la foto ic\u00f3nica de La Moneda ardiendo, con enormes oleadas de humo emergiendo del edificio sitiado. Ojal\u00e1 la mayor\u00eda vea esa imagen como una advertencia de que la democracia es precaria y f\u00e1cil de socavar, una advertencia a la que deber\u00edan tambi\u00e9n prestar atenci\u00f3n otros pa\u00edses con largas tradiciones de adhesi\u00f3n al estado de derecho.<\/p>\n<p>\u00bfEs as\u00ed, entonces, como el 11 de septiembre de 1973 ser\u00e1 finalmente recordado como un d\u00eda en que nuestro intento de liberaci\u00f3n nacional fue reducido a escombros, un d\u00eda abrumado por la desolaci\u00f3n, el crimen y la angustia? \u00bfEs esa la mejor manera de desenterrar lo que queda del golpe, deteni\u00e9ndose en un dolor interminable, sangrando ultrajes y alevos\u00edas hacia el presente y profec\u00edas de m\u00e1s dictaduras en el futuro?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>\u00bfO persistir\u00e1 alg\u00fan otro recuerdo?<\/strong><\/p>\n<p>Porque adentro de ese Palacio Presidencial en llamas un hombre espera la muerte. Allende debe saber que pagar\u00e1 con su vida por la cat\u00e1strofe a la que ha llevado a su pueblo. Pero ese no es el mensaje que env\u00eda al mundo en sus \u00faltimas horas. Ni una palabra sobre sus fallas personales o el remordimiento que debe sentir. Lo que importa, en este momento m\u00edtico que lo ha de definir a \u00e9l y a su herencia para siempre, es su decisi\u00f3n de no rendirse a los usurpadores, de resistir hasta el final. Otros &#8220;superar\u00e1n&#8221;, dice, &#8220;este momento gris y amargo cuando la traici\u00f3n trata de imponerse&#8221;. Est\u00e1 pasando la antorcha de la lucha y la solidaridad, afirmando su certeza de que el sue\u00f1o de una sociedad justa no morir\u00e1 con \u00e9l. Ese Presidente a quien am\u00e9 como a un padre afirma su fe en Chile y su destino. Y, luego, su despedida: &#8220;Estas son mis \u00faltimas palabras y estoy seguro de que mi sacrificio no ser\u00e1 en vano&#8221;.<\/p>\n<p>Espero que suficientes personas en Chile ahora y m\u00e1s que suficientes entre las generaciones venideras escuchen aquellas palabras, que esto es lo que recordar\u00e1n, junto con el resto del mundo, sobre ese d\u00eda en que Allende y la democracia murieron en mi tierra da\u00f1ada.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Eran las 13:50 horas el 11 de septiembre de 1973 en Santiago de Chile cuando el General Javier Palacios transmiti\u00f3 aquel mensaje escueto a los jefes de las Fuerzas Armadas que esa ma\u00f1ana hab\u00edan dado un golpe de estado contra el gobierno democr\u00e1ticamente electo de Salvador Allende. 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