El eterno debate de los curas casados, en el Sínodo de la Amazonia

Entre los tantos temas que tiene la Iglesia por afrontar y rendir cuentas, uno de ellos es el de los curas casados. La cuestión de ordenar sacerdotes a ancianos de probada fe, casados y con familia, -mejor si son indígenas- sigue siendo una de las cuestiones más importantes en el Sínodo de la Amazonia

 

En territorios tan alejados como el Amazonas donde una solución práctica sería aceptar esta condición al menos en este punto del planeta, muchos apuestan a una Iglesia “que no sea solo de visita sino de presencia en territorios vastísimos, inhóspitos y con pocos curas, donde la eucaristía llega raras veces al año y las comunidades de indígenas, aunque evangelizadas, no comprenden el celibato”.

En medio de todo esto, aparece con más fuerza el monseñor Carlo Verzeletti, de 69 años, de los cuales pasó 38 en Brasil y desde 2004 es obispo de la nueva diócesis de Castanhal, en el estado de Pará, una zona cerca de la desembocadura del río Amazonas. Él señala que “en nuestra diócesis hay más de 1.100 pueblos, tenemos pocos curas, algunos con exceso de edad. Y es muy difícil encontrarse con las personas, con las comunidades: podemos ofrecer una presencia limitadísima, una escasa cercanía de parte de la Iglesia”.

“La eucaristía llega a los pueblos con suerte cuatro o cinco veces al año, al sacerdote se lo ve simplemente como un distribuidor de eucaristía, pero pocas veces en el curso del año. Necesitamos la posibilidad de ordenar hombres casados para el ministerio sacerdotal, de modo que la eucaristía esté cerca de estas comunidades y las pueda seguir en forma constante y adecuada”, detalló Verzeletti.

Según el obispo, “no se trataría de sacerdotes de segunda categoría, sino de personas preparadas, de gran capacidad, capaces de acompañar a la comunidad. Hay personas excepcionales, de vida ‘eucarística’, es decir vida donada, vida para los otros. Hallar personas que ‘viven’ la eucaristía es uno de los criterios que seguir”, agregó.

Related posts