El sistema previsional ya tiene solo dos aportantes por jubilado y el Estado cubre el 40% de los haberes en una estructura cada vez más difícil de sostener
El sistema previsional argentino atraviesa una presión creciente. Actualmente, la relación entre trabajadores registrados y jubilados se redujo a apenas dos aportantes por cada beneficiario, un nivel que quedó por debajo del piso considerado necesario para sostener el equilibrio financiero del esquema.
Especialistas advierten que para mantener una estructura previsional estable deberían existir al menos tres empleados formales por cada jubilado, una proporción que hoy aparece cada vez más lejos en medio del deterioro del mercado laboral.
El avance del monotributo cambió el mapa previsional
Uno de los factores centrales detrás del desequilibrio es el crecimiento sostenido del trabajo independiente y del monotributo frente al empleo asalariado tradicional.
Según un informe de Focus Market, en 2005 el 82% de la fuerza laboral realizaba aportes bajo el régimen general, mientras que al cierre de 2025 ese porcentaje cayó al 69% por el aumento de trabajadores encuadrados en esquemas simplificados.
La diferencia en los aportes
La brecha en la capacidad de financiamiento entre un empleado formal y un monotributista es significativa.
Para cubrir una jubilación mínima se necesitan:
- 2,3 asalariados registrados
- 24 monotributistas
Ese contraste expone el impacto directo que tuvo la precarización laboral sobre la sustentabilidad del Sistema Integrado Previsional Argentino.
El Estado ya cubre una parte clave del sistema
Ante la caída de recursos genuinos, el Tesoro nacional tuvo que aumentar su participación para sostener el pago de haberes.
Actualmente, el Estado financia cerca del 40% de las 6.000.000 de jubilaciones vigentes mediante impuestos específicos y transferencias directas para cubrir el déficit operativo del sistema.
La pérdida del empleo formal profundiza el problema
En las últimas dos décadas el sistema perdió cerca de tres millones de empleos formales netos, mientras sectores históricamente intensivos en mano de obra comenzaron a mostrar retrocesos.
Los sectores más afectados
La industria y la construcción, que representan una porción importante del empleo privado registrado, muestran una desaceleración sostenida. En contraste, crecieron actividades como: agro, minería y servicios independientes.
Estos sectores generan menos puestos de trabajo registrados y aportan menos al financiamiento previsional.
El impacto sobre los jubilados
El desequilibrio estructural no solo afecta las cuentas públicas. También golpea directamente el poder de compra de quienes cobran una jubilación.
La distancia entre ingresos y egresos del sistema suele corregirse mediante inflación y pérdida real de haberes, una dinámica que en los últimos años profundizó la fragilidad económica de millones de adultos mayores.
